No lo entiendo

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Hay cosas en el mundo (muchas) que no entiendo. Una de ellas es el interés que parece mostrar la prensa en hacer noticia de portada asuntos que no deberían ir más allá que, en el mejor de los casos, un hueco en la sección de sociedad: que si fulanita se opera la nariz, que si menganita se divorcia, que si perenganito se ha liado con la mujer de su mejor amigo… Hoy mismo figura en la primera página del diario Levante-EMV la siguiente noticia:

 

 Una mujer vende su virginidad por 70.000 euros

 

No sé si el punto está en el “artículo” vendido o en el precio puesto, pero el caso es que la noticia en cuestión no sólo está en portada sino que figura en segundo lugar de las más leídas de la edición digital, supongo que, como suele ocurrir, por el morbo que nos produce fisgar en los reductos más íntimos de la vida ajena.

 

En cuanto a la noticia en sí, pues bueno, no tengo nada que objetar a la actuación de la muchacha: no hace daño a nadie y es más honrado que robar, y aunque puede decirse que vender la propia virginidad es lo mismo que prostituirse –que lo es- tampoco tengo nada en contra de la prostitución, así que si encuentra quien le pague el precio pedido, que lo disfruten y santas pascuas. A fin de cuentas el mundo está lleno de mujeres que buscan “caballeros solventes” con fines matrimoniales, cosa que tampoco creo que sea muy distinta del oficio más viejo del mundo.

 

Ahora bien, lo que sí escapa por completo a mi comprensión es qué motivos puede tener un hombre para estar dispuesto a pagar, no ya setenta mil euros –el precio inicial, para más inri, era de ciento veinte mil- sino ni un solo céntimo a cambio de ser el primero en “atravesar el umbral” de la virginidad de una mujer. Puesto que la virginidad es un concepto moral y no físico, ningún profesional sanitario puede, como dice la noticia, expedir “el certificado médico que acredite su supuesta virginidad”. Una mujer puede haber practicado sexo de mil formas distintas y seguir teniendo el himen en su sitio, cosa que parecen no entender los que ven las relaciones sexuales como “algo donde se mete un órgano dentro de otro órgano” y punto final. Así que si lo que les compensa en esta transacción es “ser el primero”, sintiéndolo mucho les comunico que eso no se lo puede certificar nadie.

 

Por otra parte, aunque pueda parecer que a día de hoy el sexo es algo que ya está asumido y las adolescentes son poco menos que doctoras en la materia, la realidad que se puede ver sólo buceando un poco por Internet es otra muy distinta: el mito de la “primera vez dolorosa y sangrienta” sigue campando a sus anchas y muchas chicas viven su estreno como algo que les produce más nervios y ansiedad que placer, a lo cual hay que sumar la inexperiencia y la falta de cultura sexual (no es raro encontrarse por los foros a chicas que preguntan “qué se hace la primera vez y dónde tienen que tocar a sus novios”) así que por ese lado tampoco comprendo qué esperan encontrar los pujadores en esta particular subasta: ¿su único trofeo va a ser decir “yo fui el primero”? Pues, francamente, me parece un premio ínfimo y, además, que les pone en un lugar más ínfimo aún como personas.  

Adiós, maestro

Manos de Delibes, por Chema Conesa

Manos de Delibes, por Chema Conesa


In memoriam Miguel Delibes, escritor español, 1920-2010

Amaba el libro, pero el libro espontáneamente elegido. Ella entendía que el vicio o la virtud de leer dependían del primer libro. Aquel que llegaba a interesarse por un libro se convertía inevitablemente en esclavo de la lectura. Un libro te remitía a otro libro, un autor a otro autor, porque, en contra de lo que solía decirse, los libros nunca te resolvían problemas sino que te los creaban, de modo que la curiosidad del lector siempre quedaba insatisfecha. Y, al apelar a otros títulos, iniciabas una cadena que ya no podía concluir sino con la muerte. Sentía avidez por la letra impresa. Y me la contagió. Fue ella la que me aproximó a los libros, a ciertos libros y a ciertos autores. En realidad, me abrió las puertas de ese mundo.

(Fragmento de Señora de rojo sobre fondo gris)