28 Nov 2008
por Anaïsen Cosas de la vida, Esas cosas con letras

El primer mes de Mikael en ese perdido rincón del mundo estaba siendo, según el Hedestads-Kuriren, el más frío que se recordaba; o, por lo menos (si le hacía caso a Henrik Vanger), desde el invierno de la guerra de 1942. Mikael estaba dispuesto a aceptar el dato como verdadero. Apenas llevaba una semana en Hedeby y ya lo sabía todo sobre los calzoncillos largos y los calcetines de lana, al tiempo que había aprendido la importancia de ponerse dos camisetas interiores.
A mediados de enero, cuando el frío alcanzó los increíbles 37 grados bajo cero, pasó unos días terribles. Nunca había experimentado nada similar, ni siquiera durante aquel año que pasó en Kiruna haciendo el servicio militar. Una mañana, la tubería del agua se congeló. Gunnar Nilsson le proporcionó dos grandes bidones de plástico para que pudiera cocinar y lavarse, pero el frío resultaba paralizador. En las ventanas, por la parte interior, se formaron cristales de nieve, y, por mucho que calentara la cocina de hierro, Mikael se sentía permanentemente congelado.
Aquí todavía no hemos llegado a los 37 bajo cero, pero en los últimos días casi me siento tan congelada como el protagonista de Los hombres que no amaban a las mujeres, obra a la que pertenece el fragmento de arriba, que estaba leyendo precisamente hoy. Por la mañana trabajo con la bufanda puesta y por la tarde me arrebujo en el sofá bien tapada con una manta. Claro, con eso de que aquí hace buen tiempo nadie toma precauciones contra el frío y así nos va…
Foto: Invierno en Suecia, por Steffe (flickr)
25 Nov 2008
por Anaïsen Esas cosas con letras

Es curioso, hace un siglo que no pongo ningún comentario aquí sobre libros, y lo cierto es que no es porque no lea últimamente, más bien todo lo contrario. Una cosa que me llamó la atención cuando vi por primera vez el piso donde ahora vivo es que la dueña, que lo ocupaba antes, se dejó aquí una buena cantidad de libros, y como hay poco espacio yo no me he podido traer la mayoría de los míos, salvo los más nuevos; así que me he dedicado a darle un repaso a la biblioteca de mi casera. Se podría decir que es una biblioteca “femenina”, en el sentido de que hay una amplia representación de libros escritos por mujeres; también clásicos, poesía y libros juveniles, a los que yo no les hago ascos si están bien escritos.
En cuanto a lo que me he leído ya, algunas cosas me han gustado mucho, otras ni fu ni fa y otras nada de nada; por ejemplo La canción de Dorotea de Rosa Regás me lo dejé a mitad, por aburrimiento; Las mujeres que hay en mí, de María de la Pau Janer, tampoco me lo terminé, porque los personajes más que hablar parecían estar dejando frases para ser grabadas en lápidas. (Ambos libros fueron premiados por Planeta, uno como ganador y otro como finalista. Umm. Curioso.) Otro que me resultó irritante fue Los chicos de mi vida, de Beverly Donofrio, que promete en su portada ser un clásico con el que no puedes dejar de reírte y que a mí me provocaba ganas de darle una colleja a la protagonista.
Entre los “no está mal” pondría por ejemplo El amante albanés de Susana Fortes, aunque se me hizo demasiado corto para lo que podía haber sido, o Algo más inesperado que la muerte, de Elvira Lindo, que cuenta la historia de una periodista bastante trepa casada con un maduro escritor de éxito. (Y dice la Lindo que no miró a nadie al escribirlo… Sí, sí…). También he podido dar un repaso a Ojos de perro azul y Memoria de mis putas tristes (Gabo siempre se agradece, aunque no sean mis obras favoritas). Entre las sorpresas agradables, quizá la mejor haya sido Clara y la penumbra, de José Carlos Somoza (a la que alude la foto del post, quien la haya leído sabrá por qué), muy bien escrita para mi gusto y con un argumento de lo más original que me he encontrado últimamente. También he disfrutado, a pesar de haberla cogido con prevención por creer que sería una típica novelita romántica, Los buscadores de conchas, de Rosamunde Pilcher, amena y con unos personajes muy bien dibujados. Y aunque no estaba en la casa sino que me lo compré yo, añadir La emperatriz de los etéreos, de Laura Gallego, con su transparente metáfora que muchas adolescentes de hoy deberían aplicarse.
De todas maneras, aún queda aquí mucho por leer. Tantos libros, y tan poco tiempo…
03 Nov 2008
por Anaïsen Cosas de la vida, Personal
Pues sí, qué pasa, hay veces que una no puede dormir y se dedica a pasar la madrugada dejándose los ojos ante el TFT. Qué le vamos a hacer. Y mientras navegaba un rato, he ido a echarle un vistazo a mis estadísticas de Sitemeter, que no es que vayan a mostrarme que tengo el blog más leído del mundo mundial pero sí resultan curiosas de ver, entre los sitios extraños desde donde entra la gente (hay alguien que me lee en Turquía y Finlandia, lo juro…) y las búsquedas que les han traído aquí. De vez en cuando me anoto las frases buscadas en Google y que han venido a parar al patio (o, más frecuente, al escondite)… pero desde hace unos días he notado un aumento exponencial de las que entran desde Google Imágenes. Intrigada, he investigado un poco más… y es que resulta que si pones en el buscador “Miguel Ángel Silvestre” el quinto resultado que sale es esta página. Así que, como a mí me gusta complacer a mi público, ahí tenéis dos fotos en las que enseña abundante cacho, para que os regaléis la vista. Por mi parte, insisto: sigue sin producirme ni frío ni calor.

Además de esta interesante investigación, otra cosa que me he encontrado esta noche, navegando por cierto blog que tenía anotado a la espera de poderlo leer a conciencia, es este video de Nightwish. El autor del blog sostiene que no se le ocurre mejor música como fondo para el sexo:
La verdad es que lo encuentro bastante adecuado para uno de esos polvos acelerados, apasionados, gloriosos. Yo no es que sea mucho de combinar el sexo con música, pero si tuviera que hacerlo me vienen a la mente un par de canciones, bastante cañeras, de sendos grupos, uno californiano y otro irlandés. Para algo más tranquilo, quizá gregoriano. Yo soy así de rara. ¿Y vosotros, qué música pondríais?
(Actualización: corregida la falta de enlace. Leónidas, Gusifluky, mis disculpas)
Otra actualización: añado una canción totalmente diferente, pero de lo más sensual que me he encontrado en los últimos tiempos. Acompaña una escena muy célebre de otra serie no menos célebre. (Visto aquí).

Me dicen…