30 Dic 2007
por Anaisen Cosas de la vida

No es ninguna novedad si digo que vivimos rodeados de publicidad por todas partes. En este mundo parece que si no te anuncias no existes, así que nos encontramos anuncios en todos los formatos y en los sitios más inverosímiles. (Sí, incluso en este blog. Qué le vamos a hacer…) Eso tampoco me parece mal, siempre que, como casi todo, se haga moderadamente: el exceso publicitario puede fastidiarte una película en la televisión, por ejemplo, o hacerte perder mucho tiempo limpiando el buzón de casa o el del correo electrónico.
De todas formas, en cuanto a éste, no es demasiado difícil que te dejen tranquilo: usando buenas herramientas antispam puede eliminarse gran parte de la publicidad indeseada. Y, dentro de lo posible, hay que mantener tus cuentas privadas. Claro que otras veces no hay mucho que pueda hacerse; por ejemplo, en mi cuenta de Gmail recibo auténticas oleadas de spam, y no es que la haya ido poniendo por ahí en todas partes. Por curiosidad, he pasado varios días sin borrar la carpeta de spam y el resultado es que desde el 8 de diciembre contabilizo 254 mensajes indeseados. Eso sí, Google no deja pasar uno, a pesar de que quienes los envían procuran saltarse los filtros cambiando letras de sitio y demás. La temática de esos mensajes es sorprendentemente pobre: o venden réplicas de relojes caros (al menos reconocen que son falsos), o casinos online, o bien… tachán… métodos para alargar “esa parte del cuerpo”. Y lo hacen con unos mensajes que, si yo fuera hombre, acabarían por crearme un complejo: “Consiga el órgano sexual más grande de su vecindario”, “¿Eres un auténtico hombre?”, “Conviértete en un hombre de verdad, aumenta tu herramienta”… Y digo yo, habrá gente que caiga con estas patrañas, o si no no perderían el tiempo anunciándolas tanto…
Y lo que ya me hace subirme por las paredes es la manía que han cogido muchas empresas, en su mayor parte bancos, de llamarte a casa por teléfono para ofrecerte los más variados servicios. Y generalmente, a la hora más inoportuna posible. Además los teleoperadores están, supongo, entrenados para no soltar la presa, de manera que insisten e insisten hasta extremos que llegan a resultar incómodos: imagino que tendrán que tragarse muchas respuestas descorteses al cabo del día, pero es que no puede esperarse otra cosa cuando invaden tu intimidad de esta manera. Incluso hace poco recibí lo que ya me pareció el colmo de las llamadas invasivas: al descolgar me contestó… una voz grabada. ¿Te llaman a casa, te endosan un mensaje enlatado, y esperan que alguien se lo trague?
En fin, cosas de la publicidad. Iremos acabando el año… viendo en televisión quién pone el anuncio más caro.
Foto: Michel Laloux
26 Dic 2007
por Anaisen Personal

Pues sí, empachada estoy, como un porcentaje importante de habitantes del mundo occidental, y ahora mismo me podrían poner delante el más maravilloso de los manjares, que me daría asquito. Y el empacho no es sólo de comida: que si villancicos, que si anuncios, que si atascos en la calle y tiendas a reventar… Todas esas cosas por las que a la gente le gusta menos la navidad según pasan los años.
Pero, por algún inexplicable motivo, me sigue haciendo ilusión la navidad. Aunque no deja uno de tener la impresión de que estos días hay que sentirse feliz e ilusionado por decreto. Tampoco es tan grave que al menos una vez al año intentemos poner al mal tiempo buena cara y repartir buenos deseos.
De hecho, llevada por cierta melancolía que ayer me hizo sentirme algo triste durante todo el día, tenía pensado escribir un post entre nostálgico y pesimista. Pero algunas risas compartidas, unos cuantos sms de felicitación (incluso uno de alguien que en un tiempo estuvo muy presente en mi vida y de quien hace mucho que no sabía) y ver la alegría en los ojos de gente a la que quiero me han hecho ver las cosas un poco más positivas.
De modo que mi deseo para mí misma y para los que os pasáis de vez en cuando por aquí, es que el año que viene intentéis ver las cosas un poco más de color rosa (o del tono que os guste). Y sobre todo, seguir contando con vuestra compañía.
Feliz año a todos.
22 Dic 2007
por Anaisen Cosas de la vida

Aunque a veces nos guste alardear de lo contrario, creo que hay mucha gente a la que le puede el morbo y la prensa, a pesar de que parece que se ocupa en su mayor parte de cosas serias, no se libra de esa tendencia. Por ejemplo, mirando la lista de noticias más leídas del día en la edición digital de El mundo, se puede ver que desde hace dos días, y hasta esta misma mañana, la primera posición la ocupa el siguiente titular: El escándalo de las maestras argentinas en el bus.
La noticia, a pesar de que se trata de un asunto a priori intrascendente (salvo para sus protagonistas, como es obvio) está tratada, como no podía ser menos, de una forma un tanto humorística. Pero, ya puestos a ser morbosos, a mí me plantea ciertos interrogantes. El primero, lógicamente, qué sería lo que tenía el conductor del autobús para que las seis maestras de la escuela pública de Pago del Deseo (que ya se las trae el nombrecito) se le rindieran de una forma tan unánime: ¿se parecía a Brad Pitt, acaso, o sus encantos quedaban más ocultos? ¿Se lo montaba con las seis todos los días? (Eso no se lo cree ni él). ¿Se iban turnando en los asientos de atrás? ¿Las cinco que no jugaban en ese momento miraban, se bajaban del autobús, se dedicaban a hacer ganchillo? ¿Alguna vez hicieron una fiestecita todos juntos?
Y, ya en un plano más serio, lo que me resulta particularmente indignante es la actuación de la novia del maromo. Vale que estuviera cabreada, incluso MUY cabreada, con las hazañas de su novio; eso cualquiera lo puede entender. Lo que nunca he comprendido demasiado bien es que cuando a alguien le ponen los cuernos sus iras se dirijan a la persona que ha colaborado en la cuernificación. Lo lógico hubiera sido pedirle cuentas al muchacho, ¿no? Siempre es posible que ellas no supieran que tenía novia, e imagino que no podían pensar que sus fotografías (también hay que ser un poco cortita para dejarse hacer fotos a cara descubierta, sobre todo si una está casada) acabarían al alcance de la ofendida. Y por parte de ésta demuestra una buena dosis de mala leche el hacer públicas las imágenes, a sabiendas de que dicho acto tendría consecuencias muy negativas para las maestras, como así ha ocurrido: y no sólo para ellas sino para sus familias, que a fin de cuentas ninguna culpa tenían en todo el asunto.
En fin, supongo que ahora se lo pensarán dos veces antes de darle los buenos días al conductor de un autobús, y yo, si fuera ellas, no me dejaría hacer más fotos ni para el carnet de identidad.
14 Dic 2007
por Anaisen Cosas de la vida

Y no precisamente de esa que se está poniendo a precio de oro en el mercado (bueno, aunque el Gobierno nos recomienda que en Navidades comamos conejo, que por lo visto está barato… ejem…). No, me refiero a la costumbre que se ha puesto de moda de unos años a esta parte de sustituir el calendario de toda la vida por uno en el que personas más o menos anónimas lo enseñan todo o casi todo, normalmente con el fin de recaudar fondos. Hay muchos ejemplos, incluso el diario 20 minutos le dedica un especial al tema en su página web. La foto que pongo más arriba pertenece al calendario del club de natación valenciano Ferca (vía Ambiente G). Ay, madre mía, y esos chicos viven en mi misma ciudad… ¿se puede saber dónde se meten cuando salen del entrenamiento?
Hay para todos los gustos, aunque lo más frecuente son deportistas y miembros de los cuerpos de seguridad. Pero por verse se pueden ver hasta curas (y cómo están algunos curas, dan ganas de ir a confesarse). Por el lado femenino también hay bastantes ejemplos, algunos incluso polémicos como el de las azafatas de Ryanair (ya son ganas de armar bronca, ¿alguien les ha puesto a estas chicas una pistola en la sien para que posen?). Hasta, sin salirnos de mi tierra, tenemos un calendario de falleras, que admito que me resultan algo raras con su tradicional peinado, tan elaborado, y sin nada de cuello hacia abajo.

Y si queremos algo no tan explícito, también hay buenas alternativas como el calendario Pirelli, que este año luce unas preciosas fotografías de Patrick Demarchelier.

Y por último, para los admiradores de Scarlett Johansson, un calendario para ella solita (vía Anieto2k), para que la podáis ver a diario. (Pulsando en la foto se puede ver muuuuy grande). No os quejaréis: este año hay mucho para elegir, más allá del calendario que te regalan en el restaurante chino de la esquina.

10 Dic 2007
por Anaisen En pantalla

Ir a ver una película basada en una novela que ya te has leído (sobre todo si ésta te ha gustado mucho) tiene un inconveniente: que ya sabes lo que va a pasar de antemano, con lo cual se pierde parte de la gracia de ver una película por primera vez, pero también te da ocasión de ver plasmado en imágenes lo que habías leído previamente, lo cual puede darle una nueva dimensión, o bien hacer que te tires de los pelos si la adaptación no llega a la altura del original.
En parte, esto es lo que me ha pasado con La brújula dorada, adaptación de la novela Luces del Norte (primera parte de la trilogía La materia oscura) de Philip Pullman. Está hecha con recursos, buenos efectos especiales, un gran reparto bien elegido y en general no aburre (aunque he oído opiniones para todos los gustos) pero no creo que transmita la atmósfera del original. Sobre todo porque, queriendo llegar al público infantil (que no era el de la novela) le han quitado mucho de su dureza y profundidad.
Por otra parte, La brújula dorada se ha beneficiado de una publicidad gratuita proporcionada por la Iglesia Católica, cuyos representantes creo que no deben haber visto la película porque yo no encontré la crítica a la religión (que en la novela sí está, y de qué manera) por ningún sitio. Claro que hay incluso interpretaciones más delirantes por ahí…
En resumen: ni fu ni fa. En este caso, mucho mejor leerse la novela.
09 Dic 2007
por Anaisen Personal

Hay quien dice que la vida es muy larga y quien dice que la vida es muy corta. Yo creo que en general la vida pasa mucho más rápido de lo que parece.
Al menos esa es la sensación que me queda a mí en este momento. En realidad, no puedo quejarme de las cosas que he hecho hasta ahora, porque de una forma u otra siempre he tomado las decisiones que me ha dado la gana. Pero ocurre que a veces no tienes demasiado claro lo que quieres, te dejas arrastrar por la comodidad o por la conveniencia, y por ejemplo tomas por definitivo un trabajo estable y fácil pero que no te produce ninguna satisfacción personal.
Y así con muchos otros aspectos. A veces me gustaría empezar de nuevo, vivir de una forma más acorde con lo que realmente quiero, pero pienso en lo que dejaría atrás y asusta, a estas alturas, empezar de cero.
¿Siempre vale la pena perseguir los propios sueños? ¿O llega un momento en que es mejor dejarse llevar por la corriente y no correr más riesgos?
Foto: Josephine Chervinska
02 Dic 2007
por Anaisen Sin categoría

El chiste es de Idígoras y Pachi.
No es cosa fácil, no vayan a creerse, pero con un poco de paciencia cualquiera puede llegar a embolsarse la bonita cifra mencionada en el título, y sólo en un añito. Vea usted cómo lo han hecho otros:
Primero, se inscribe uno en una asociación de músicos, autores de teatro y similares; no importa demasiado que sus únicos méritos hayan sido escribir unas cuantas canciones cuando hacía la mili o que nadie asista a sus conciertos, que como es usted artista, está por encima de esas menudencias. Después, tendrá usted que convencer a los políticos de turno de las siguientes cosas: internet es muy malo, la gente usa internet para robar todo lo que pueda de mi trabajo y yo, que soy un Intelectual, así en mayúsculas, me voy a morir de hambre si usted no hace algo para remediarlo.
Por supuesto, el político de turno le dirá a todo que sí, puesto que internet es muy malo, eso lo sabe todo el mundo, y los programas p2p son todavía peores, tanto que ni se los puede mencionar en los lugares decentes. Además usted forma parte del Mundo de la Cultura, es un Intelectual, así que su opinión tiene mucho más peso que la del resto de los mortales. Naturalmente, ni siquiera se pare usted a pensar en que a lo mejor tendría que cambiar el modelo de negocio, volcándose más en las necesidades de los usuarios; eso es cosa de nenazas, hombre.
Una vez hecho todo esto, ya empezará a estar en el camino correcto: gracias a sus peticiones, no sólo podrá empezar a embolsarse eso tan chulo de los derechos de autor por la venta de sus obras o sus actuaciones, como podría pensarse que es lo normal, ¿verdad? No: además tendrá derecho a un piquito cada vez que, pongamos, suene su música en el hilo musical de una tienda. O “ejecutada” por los cantantes que amenizan (a veces más bien amenazan) una boda. O cuando una asociación de niños discapacitados use los títulos de alguna de sus obras de teatro en un festival benéfico. Claro, como usted no puede vigilar que todos y cada uno de los comercios, salones de bodas y eventos benéficos del país usen o no usen sus preciadas obras, pues lo que procede es cargar un importe a todos y cada uno de ellos, aunque sólo se dediquen a poner los grandes éxitos de Mozart y Salieri. Y si hace falta colar en una boda a detectives disfrazados como si fueran los tíos de Cuenca de quien nadie se acuerda, pues se hace, todo sea por el Arte.
Claro, que como ya queda un poco ridículo llamar a todo esto derechos de autor, porque no cuela… pues lo llamaremos CANON. Queda mejor que impuesto, ¿verdad? ¿Ha visto usted qué facil ha resultado empezar a embolsarse un dinerito del que no se da cuentas a nadie, y encima con el beneplácito del Estado? Ah, y si alguien se queja, no se olvide de decirle que total, si son unos céntimos miserables…
Bien, aquí ya vamos muy bien encaminados; no olvidemos que forma usted parte de una asociación PRIVADA y SIN ÁNIMO DE LUCRO que reparte los beneficios obtenidos entre todos sus socios… huy… aunque nadie sabe cómo lo hace, vaya. Lo siguiente es algo más arriesgado, pero comportará ganancias aún mayores. Puesto que hoy la técnica avanza que es una barbaridad, y como todos sabemos la gente sólo usa los ordenadores, teléfonos móviles, DVDs, fotocopiadoras, discos duros y demás para copiar las cosas que ustedes, abnegados artistas, han hecho con todo el amor (nadie, absolutamente nadie, usa un disco duro para guardar sus tesis, o sus documentos de trabajo, o los videos rodados por uno mismo, o sus propias fotos) pidamos al político de turno que incluya los soportes digitales en el tan nombrado canon, y voilà: deseo concedido. A partir de enero de 2008, a cobrar un tanto por cada aparatito que se venda en suelo patrio.
Así que ya lo veis: el buen hombre de nuestro ejemplo se ha acabado embolsando, junto a sus compañeros de asociación, 110 millones de euros en un año (previsión para 2008) sin hacer prácticamente nada más que poner el bolsillo. De acuerdo, internet y las redes p2p han hecho posible que se haya generalizado la costumbre de conseguir gratis lo que antes era de pago, eso nadie puede negarlo. Pero tengamos en cuenta también otras cosas:
-La copia privada, sin ánimo de lucro, es un derecho y no se puede denunciar a nadie por ejercerlo.
-El canon va dirigido a compensar las pérdidas, reales o no, que sufre un autor cuando alguien no compra su trabajo porque lo ha conseguido por una vía gratuita. Así que de todas formas no sería legal multar a nadie por descargarse un disco: se le estaría cobrando dos veces por lo mismo.
-Independientemente de ello, cargar a toda la sociedad una tasa para compensar el “delito” que pueda cometer una parte de ella en un futuro parece cuando menos surrealista.
Pero bueno, sólo es mi opinión. En fin, os dejo con otros cánones mucho más relajantes, y sin impuestos, que el autor hace mucho que murió. El primero, un divertido video que descubrí por casualidad hace tiempo en Youtube, es una particular y, diríamos, paranoica interpretación hecha por el cómico Rob Paravonian del Canon de Pachelbel, que me parece una de las más bellas músicas de la historia. Hace algún tiempo, en una de mis páginas favoritas, Curioso pero inútil, pusieron este mismo video, y gracias a los comentarios descubrí el que va después, que es una excelente versión para guitarra eléctrica obra de Jerry C.
A disfrutar.
Me dicen…