31 Oct 2007
por Anaisen Personal

No tenía pensado hacer mención del tema aquí, porque la verdad es que me parece que no vale la pena, pero al bucear un poco más en el asunto me ha hecho gracia la caradura que puede llegar a tener la gente. Si os pasáis por el escondite podréis ver un aviso que he dejado a una bloguera que lleva algún tiempo cogiéndome fotos y textos tanto de mi antiguo blog como del actual; pero de un tiempo a esta parte no sólo coge las fotos sino que las enlaza, con lo cual me roba ancho de banda, que a mí me cuesta dinero y a ella no, ya que tiene un blog gratuito. Bueno, no es la primera vez que me pasa; por lo visto a la gente le cuesta mucho echarle imaginación al asunto y escribir sus cosas ellos mismos, y como cantaría mucho si pusieran un poema de Neruda y lo hicieran pasar como suyo, pues copian lo que ha escrito otro bloguero y santas pascuas. Y encima tienen más comentarios que yo, tócate.
Para evitar estas cosas puse advertencias en mi antiguo blog y ahí están las licencias Creative Commons, pero está visto que no vale para nada. La gente piensa que si está en Internet, entonces es público (es así: hay gente que lo cree en serio). Vale, yo también cojo fotografías de la red y las pongo aquí sin pedir permiso, pero en primer lugar procuro hacerlo, siempre que puedo, de páginas con licencia CC, en segundo lugar, indico la procedencia de la fotografía, y en tercero nunca he pretendido hacerlas pasar como propias. Desde luego si alguna vez me piden que las retire, lo haré inmediatamente.
Pero, y aquí quería yo llegar, al darme cuenta del robo de ancho de banda que os comentaba arriba, he estado buceando un poco más por Copyscape, y me he encontrado algo que ya me parece la cutrez máxima. En A escondidas dejé un post de despedida hace unos meses; una despedida es algo muy personal, sólo uno sabe por qué se va, qué le impulsa a dejar de escribir, para siempre o por un tiempo, etcétera, etcétera. Pues bien, me encuentro con que ese post me lo han copiado no en uno, sino en dos sitios. ¿La gente ya no encuentra ni las palabras para despedirse?
Vivir para ver.
Foto: Jan Peter
30 Oct 2007
por Anaisen En pantalla, Esas cosas con letras

Rondando por mis páginas de cine habituales, veo que es inminente el estreno de El amor en los tiempos del cólera (el 16 de noviembre en Estados Unidos, aunque en España se retrasará hasta enero). Como es fácil suponer, la película es una adaptación de la novela de Gabriel García Márquez, dirigida por Mike Newell (responsable, por ejemplo, de Donnie Brasco, Cuatro bodas y un funeral o Harry Potter y el Cáliz de Fuego). El impresionante reparto lo encabeza Javier Bardem, una decisión de casting poco adecuada para mi gusto; luego explicaré por qué.
Mi curiosidad por esta película se debe a que El amor en los tiempos del cólera, una de las obras cumbre del Nobel colombiano, es mi novela favorita, y eso que he leído unas cuantas en mi vida. Precisamente, la descubrí en una biblioteca. Y nada más acabarla me la volví a leer entera. Luego me la compré y la releo periódicamente. Me parece sencillamente redonda, maravillosa. Quizá sea más adaptable que Cien años de soledad, aunque siempre será difícil reproducir la magia de la escritura de Gabo, que reside tanto en lo que se cuenta como en la manera en que se cuenta. Para muestra un fragmento que me parece representativo del tono de la obra:
Cierta noche entró en el Mesón de don Sancho, un restaurante colonial de alto vuelo, y ocupó el rincón más apartado, como solía hacerlo cuando se sentaba solo a comer sus meriendas de pajarito. De pronto vio a Fermina Daza en el gran espejo del fondo, sentada a la mesa con el marido y dos parejas más, y en un ángulo en que él podía verla reflejada en todo su esplendor. Estaba indefensa, conduciendo la conversación con una gracia y una risa que estallaban como fuegos de artificio, y su belleza era más radiante bajo las enormes arañas de lágrimas: Alicia había vuelto a atravesar el espejo.
Florentino Ariza la observó a su gusto con el aliento en vilo, la vio comer, la vio probar apenas el vino, la vio bromear con el cuarto don Sancho de la estirpe, vivió con ella un instante de su vida desde su mesa solitaria, y durante más de una hora se paseó sin ser visto en el recinto vedado de su intimidad. Luego se tomó cuatro tazas más de café para hacer tiempo, hasta que la vio salir confundida con el grupo. Pasaron tan cerca, que él distinguió el olor de ella entre las ráfagas de otros perfumes de sus acompañantes.
Desde esa noche, y durante casi un año, mantuvo un asedio tenaz al propietario del mesón, ofreciéndole lo que quisiera, en dinero o en favores, en lo que más hubiera ansiado en la vida, para que le vendiera el espejo. No fue fácil, pues el viejo don Sancho creía en la leyenda de que aquel precioso marco tallado por ebanistas vieneses era gemelo de otro que perteneció a María Antonieta, y que había desaparecido sin dejar rastros: dos joyas únicas. Cuando por fin cedió, Florentino Ariza colgó el espejo en la sala de su casa, no por los primores del marco, sino por el espacio interior, que había sido ocupado durante dos horas por la imagen amada.
Así es Florentino Ariza: cincuenta años enamorado de una imagen… y practicando los placeres de la carne con casi todos los cuerpos que se ponen a su alcance. Y hablando de imágenes, es inevitable que cuando lees un libro tantas veces no te hagas una composición mental de los personajes que lo pueblan. Y desde luego la que yo tenía de Florentino no se parecía en nada a Javier Bardem: yo me lo imaginaba delgadito, poquita cosa, “escuálido y desmirriado” como el mismo García Márquez lo describe. No me parece que Javier cuadre mucho con la descripción, pero en fin, será cosa de ver qué han hecho el director y el guionista con el material de base, y cuando estrenen la película volveré a comentarla por aquí. A ver si me gusta tanto como el libro o me tiro de los pelos. Para ir abriendo boca, el trailer en Youtube. Ah, Shakira ha compuesto un par de canciones de la banda sonora.
28 Oct 2007
por Anaisen Esas cosas con letras

La imagen de arriba corresponde a la Bodleian Library, perteneciente a la Universidad de Oxford, y puede verse entre muchas más fotografías de bibliotecas aquí.
Hay muchos sitios en el mundo donde me puedo encontrar a gusto, pero sin duda un puesto muy alto en la lista lo ocuparía cualquier lugar donde haya libros que puedan consultarse. Bibliotecas, librerías, sean de libros nuevos o de ocasión, puestos callejeros… Cuando era mucho más joven, devoraba los libros más que leerlos y no tenía un duro para comprarlos, así que me hice asidua a las bibliotecas; primero la del colegio, luego una biblioteca ambulante de la que en poco tiempo agoté casi todo el catálogo, después la biblioteca municipal que hay en mi Alicante natal, frente a la playa. Con los años, me hice mi propia pequeña colección (quién dijo que el saber no ocupa lugar…) y cada vez dispongo de menos tiempo para acercarme por la biblioteca, pero de todas formas cada vez que paso por una librería raro es que no entre y me quede rondando por allí, a veces horas y horas. Raro es también que no salga con algún libro en las manos.
Recordar todo esto viene a cuento, aparte de la celebración hace unos días (el 24 de octubre) del Día de la Biblioteca, de un hecho que no sé si es suficientemente conocido pero que a mí me parece como mínimo tan escandaloso como pueda serlo el canon digital. Las Cortes españolas han aprobado ya, bien que por imposición del Tribunal Supremo de Justicia europeo, el pago de un canon por préstamo de libros en las bibliotecas (más información aquí y aquí). Es decir, aparte de que la biblioteca pague religiosamente el libro al adquirirlo para sus fondos, también deberá pagar una cantidad a CEDRO cada vez que alguien lo coja prestado. Desde el Gobierno se le quita importancia al hecho con el argumento de que, a fin de cuentas, “el canon lo paga el Estado”. Ah, bueno, me quitan ustedes un peso de encima, como todo el mundo sabe el dinero del Estado crece en los árboles, ¿verdad? En fin, si de lo que se trata es de promover la cultura me parece un método como mínimo curioso. Estas sociedades de gestión de derechos cada vez se parecen más a otra cosa, y no digo más que luego vienen las denuncias y no estoy para juicios. Si consideráis oportuno uniros a la campaña, en noalprestamodepago.org está toda la información necesaria.
22 Oct 2007
por Anaisen Frikadas varias, Personal
Como todo el mundo sabe, lo único bueno de cumplir años (vale, a veces tiene otros aspectos positivos…) es que, con un poco de suerte, te regalan cosas y se acuerdan de ti… para bien. Este año, mi aniversario ha parecido más bien el Día del Orgullo Friki, pero, puesto que los regalos han valido la pena y mucho, los comparto aquí… porque si no reviento.
El primero, en realidad, no debería incluirlo como regalo, porque me lo he regalado a mí misma. Pero en fin, el cumpleaños era una excusa tan buena como otra cualquiera y la verdad es que me moría de ganas de tener uno. Aquí mi flamante Ipod Touch:

Aquí ya fuera de la caja. Nada más sacarlo ya tiene un hermoso dedazo en toda la pantalla. Por lo demás suena y se ve tan bien como dicen en la publicidad, pero casi me da pena sacarlo a la calle…

Entre los regalos “de verdad”, el que más ilusión me ha hecho es este que me ha mandado alguien a quien quiero mucho y que conoce muy bien mi pottermanía:

Lástima que no hace hechizos de verdad, con lo bien que me vendría para las tareas de la casa… Por último, los dioses han oído mis peticiones y otro de los regalos ha sido el Heavenly Sword, que promete tenerme ocupada unas cuantas horas en las próximas semanas… si no se me ve por aquí ya sabéis por qué es…

Hay algunas cosillas más, pero éstas son las que más me han gustado. Lástima que no tenga otro cumpleaños hasta dentro de doce meses; en fin, siempre me queda escribirles una carta a los Reyes Magos…
19 Oct 2007
por Anaisen Personal

Uf, mejor no digo cuántos van… Pero bueno, todos los años toca lo inevitable: uno más al bolsillo, uno más que añadir a la cuenta de lo vivido (y el último ha sido intenso, vaya que sí…). Un buen día para reflexionar sobre lo que ya he hecho y sobre todo lo mucho que aún espero que me toque hacer. Y compartirlo con todos los que me acompañáis al otro lado de la pantalla.
Ilustración: tinypilot (deviantart)
18 Oct 2007
por Anaisen Esas cosas con letras, Frikadas varias

Aprendices de brujo de los que aparecen en los libros, se entiende; yo no creo en la brujería en el mundo real (al revés que algunas personas…). Y si de brujería hablamos es inevitable nombrar al niño-mago más famoso de los últimos tiempos: Harry Potter, el que vende miles de libros a la simple llamada de su nombre y ha hecho millonaria a su creadora, J.K. Rowling, que inventó a su criatura durante un viaje en tren y, como siempre ocurre en estos casos, tuvo que sudar tinta para encontrar un editor que confiara en ella. El resto más o menos lo sabemos todos…
En mi caso, descubrí a Harry bastante tarde, allá por 2002, cuando ya se habían publicado cuatro libros de la serie y ya era todo un fenómeno literario. Compré el primero más que nada por curiosidad, pero los otros tres fueron casi seguidos y los siguientes no sólo los he adquirido nada más salir al mercado (de hecho el sexto me lo dieron el día antes de su salida oficial, no se lo digáis a nadie…), sino que no he dudado en hacerme con las traducciones de fans que surgen como setas por Internet nada más publicarse la versión inglesa; igualmente he visto todas las películas y tengo la mayoría de los videojuegos, aunque la verdad es que la calidad de estos últimos, para mi gusto, ha ido cuesta abajo desde los primeros de la serie. Claro que esto no es culpa de las novelas, más bien habría que achacarlo a las ganas de sacarle dinero a la marca sea como sea…
¿Y qué le encuentro a estas novelas, que a unos les encantan y a otros les parecen la antítesis de la verdadera literatura? Pues es difícil de definir. Efectivamente no es la calidad literaria, no hay alardes de estilo ni ningún elemento nuevo que no se haya visto antes. La serie está llena de errores de continuidad, hilos argumentales que no acaban en ningún sitio y situaciones resueltas de forma cuando menos discutible. Y sin embargo, el conjunto me engancha, y de qué manera. Hay algo en la historia de este niño, al que parece que todas las desgracias del mundo le ocurren a la vez, que me ha hecho desear seguirla con avidez hasta el final y, por qué no decirlo, lamentar que se haya terminado… aunque no deja de ser un alivio, con lo que había que esperar entre un libro y el siguiente.
Ilustración: Jim Salvati
16 Oct 2007
por Anaisen Cosas de la vida

Si es que de verdad que con estas noticias le dan a una el blog hecho. Lean si no lo que publica hoy El País, en su edición digital:
Se querían, pero sólo a través de Internet:
Al descubrir que ellos mismos eran la misma pareja en la vida virtual y real se separaron. Así lo recoge hoy el semanario serbio Zabavnik, quien asegura que este matrimonio en crisis buscó pareja a través de Internet, el problema es que se encontraron uno al otro y se volvieron a enamorar.
Crearon una dependencia que se basaba en chatear los problemas de su matrimonio. Él le contaba a su propia mujer lo que no le gustaba de su matrimonio y ella también se desahogaba con su marido, ninguno sospechaba que esa pareja cibernauta era la misma que en la vida real.
Internet logró el milagro de los desaires que vivían en la vida real a las palabras cariñosas en el chat. Él empezó a llamarla “Azúcar” y ella “Príncipe de la satisfacción” a su pareja virtual. Cuando la relación se volvió lo suficientemente seria, decidieron encontrarse, pero la reunión disipó la ilusión, ya que resultaron ser la mujer y el marido que a diario tenían graves disputas y en la práctica de ninguna manera se denominaban con nombres cariñosos. Inmediatamente decidieron divorciarse alegando el engaño matrimonial como motivo.
El semanario serbio asegura que se trata de una pareja de la ciudad central bosnia de Zenica e indica que se debería plantear ante los psicólogos por qué una pareja se lleva excelentemente por Internet y mal sin el ordenador.
Pues no sé, a mí la “noticia” me recuerda mucho a uno de esos textos graciosos que te reenvía todo el mundo por email… Pero aun suponiendo que sea cierta, a mí me hace pensar, más que en lo de llevarse bien fuera o dentro de Internet como plantea el texto, en qué era lo que cada una de estas personas buscaba en aquél a quien le contaban sus cuitas matrimoniales. Dice el texto que la relación “se volvió suficientemente seria” como para encontrarse en persona. Y siendo seria, ¿nunca se habían dicho sus nombres reales? ¿Nunca se habían enseñado una fotografía? ¿Ella no tuvo curiosidad por saber dónde vivía él y a qué se dedicaba? ¿Él no quiso que ella le contara cómo era su vida cotidiana? Porque digo yo que sabiendo todos esos detalles, podían haber deducido antes que el que escribía al otro lado del chat les resultaba ligeramente conocido…
Y si fue así, ¿se puede decir que era una relación lo que tenían? ¿No sería más bien que se utilizaban mutuamente para desahogarse y sentirse escuchados? Entonces, no creo que haya que plantearse por qué se llevaban bien teclado mediante: simplemente, pienso yo, no había relación de ninguna clase. Lo único que hacían era mirarse en un espejo.
Foto: Musi Ala
12 Oct 2007
por Anaisen Frikadas varias
Desde el 21 de septiembre hasta el 21 de marzo de 2008, puede verse en Gijón la exposición Playware, que explora la conexión entre el videojuego y el arte. Por otro lado, hace unos días se presentó al público el videojuego The Legend of Zelda: Phantom Hourglass de una forma bastante original: se les ofreció a probar el juego a Rosa Regás, Espido Freire y Diana Palazón para que comentaran sus impresiones al público y la prensa.
Parece que, por fin, los videojuegos van empezando a ser mirados como un medio artístico por derecho propio. Hasta ahora, para la mayoría de la gente un videojuego no era más que algo para niños, o a lo sumo adolescentes, hecho para consumir rápido, sin pensar y por supuesto sin ninguna intención más allá del puro divertimento. No hay más que ver cuando algún crítico de cine dice que una película tiene “estética de videojuego” o “argumento de videojuego”: el tono peyorativo suele estar bastante claro en estas ocasiones. Esto, por no hablar de la percepción que desde los medios de comunicación se da muchas veces de este mundillo: que si vuelven a los jóvenes agresivos, que si les hacen encerrarse en sí mismos, que si los juegos de rol son peligrosos…
Sin embargo, y salvando casos extremos, de los que en todo caso no habría que responsabilizar a los juegos, todo lo que he mencionado en el párrafo anterior no pone de manifesto más que un enorme desconocimiento. Los videojuegos no sólo no “atontan” sino que pueden servir para desarrollar la percepción espacial y la habilidad manual; los hay agresivos, sí, pero no más de lo que puedan ser las películas que se estrenan sin mayor problema en los cines, y además hay que tener en cuenta que no van dirigidos a los niños (otra cosa es que sus padres les permitan jugarlos); y lo de pensar que el rol es peligroso ya directamente indica que no se tiene ni idea de lo que es el rol. Juéguese una partidita con unos cuantos amigos y luego me cuenta lo peligroso que es eso.
De todas formas, aún habrá quien sonría irónicamente cuando se diga que los videojuegos son arte. A mí personalmente no me cabe ninguna duda de ello. Yo no soy una juegona veterana; el gusanillo me lo metió en el cuerpo Final Fantasy X, que compré un poco de casualidad, temiendo no tener ni idea de cómo manejar aquello. Me enganché a la primera hora de juego, me metí en la historia como si fuera parte de ella, alargué el juego todo lo que pude porque no quería que se acabara y lloré al final. (Sí, qué pasa.) Escenas como ésta aún me ponen los pelos como escarpias:
Para mí está claro que eso es arte. Desde entonces me he hecho fan declarada de la saga, pero también me gustan los juegos de rol para PC, las aventuras gráficas -que se resuelven exclusivamente a base de pensar: ¿alguien dijo que no contaba la inteligencia?-, y los juegos de acción, siempre que no sean mata-matas donde no se haga otra cosa que disparar a todo lo que se mueva. Muchos de estos juegos tienen presupuestos dignos de películas de Hollywood, música de famosos compositores, doblajes realizados por grandes estrellas y argumentos que no tienen nada que envidiar al cine. Y además de todo esto pueden hacernos disfrutar de ellos “metiéndonos dentro” de la historia. ¿Se puede pedir algo más?
Y como muestra final, dejo un trailer de mi último objeto de deseo, Heavenly Sword, una de las primeras grandes superproducciones para la Playstation 3. Promete ser toda una experiencia. A ver si hay suerte y puedo contarla pronto.
10 Oct 2007
por Anaisen Personal

Cambios en el blog, se entiende. Igual estos días alguien nota al intentar entrar en la página que se ve todo raro y fuera del sitio; el motivo es que estoy intentando hacer unos pequeños cambios, pero el problema de WordPress es que para ver las modificaciones de la plantilla hay que hacerlo “en vivo”, sin vista previa como en Blogger (o al menos yo no sé cómo se hace; si alguien lo sabe, se agradece cualquier ayuda) así que como se suele decir… disculpen las molestias, estamos trabajando para ustedes (anda, esto me recuerda un comentario a mi anterior post…). Quien me conozca del blog anterior ya sabrá que de vez en cuando me gusta ponerlo todo manga por hombro, así que esto no es nada para lo que tiene que venir…
Imagen: Camila Carrossine
03 Oct 2007
por Anaisen Cosas de la vida

A veces te encuentras con noticias en los periódicos que te hacen mirar el calendario para asegurarte de que no es el día de los Inocentes. Por ejemplo ésta, que sale hoy en El País:
Una decisión del gobernador de Brasilia, José Roberto Arruda, que prohíbe el uso de gerundios “como disculpa para la falta de eficiencia”, abrió ayer una polémica que involucra a políticos y también a lingüistas, que defienden esa forma gramatical.
“El inicio de la polémica radica en un decreto regional hecho público el lunes y dictado por Arruda, según el cual “queda prohibido el uso del gerundio como disculpa para la falta de eficiencia” en toda la Administración pública de la capital brasileña. En la práctica, supone “prohibir” a los funcionarios públicos de la Administración regional expresiones como “estamos planificando”, “estamos preparando” o “estamos estudiando”, que, según portavoces del gobernador, son usadas como excusas para esconder la ineficacia.
“Llegué a pensar que era una broma, pero es en serio”, declaró al diario Correio Braziliense el secretario de Cultura del Distrito Federal de Brasilia, Silvestre Gorgulho, que no obstante coincidió con el gobernador: “Quien usa el gerundio quiere confundir”, dijo.
En declaraciones desde Washington, donde se encuentra en visita oficial, Arruda dijo ayer a una radio local que el decreto “pretende ser un recado simpático contra la ineficacia”. Según el gobernador, la “regla” en su Administración es que “la variable tiempo esté incluida en todas las discusiones” y que “las metas establecidas se cumplan en los plazos previstos”.
A fin de cuentas, parece que el decreto está redactado más con intención de “poner las pilas” a la Administración que de prohibir seriamente nada. Pero da qué pensar, cualquier día toman ejemplo por aquí y prohiben los subjuntivos, o los condicionales, yo que sé…
01 Oct 2007
por Anaisen En pantalla

Marchando otra de las recetas a las que últimamente el cine norteamericano nos tiene acostumbrados: se coge una película que ha alcanzado cierto renombre en Europa, se pasa por la turmix del Hollywood style y ya tenemos un futuro éxito sin escurrirnos demasiado las neuronas. En esta ocasión le ha tocado el turno a una película alemana, que se estrenó en España como Deliciosa Martha, dirigida por Sandra Nettelbeck y protagonizada por Martina Gedeck y Sergio Castellito. Como suele ocurrir en estos casos, la versión norteamericana, Sin reservas, de Scott Hicks, es casi un calco del original, aunque ligeramente retocado aquí y allá. ¿Por qué se hace esto? Simple, en Estados Unidos no se doblan las películas, por lo que es raro que una cinta hablada en alemán sea un gran éxito; pero los avispados productores le ven las posibilidades al tema, así que cogen el guión, lo trasladan a su país, ponen actores conocidos y ya tenemos película nueva. ¿Funciona el guiso en esta ocasión?
El film nos cuenta la historia de Kate Armstrong, la chef de un restaurante neoyorquino obsesionada con su trabajo y bastante descuidada en sus relaciones personales, que verá cambiar esta situación cuando se encuentre repentinamente al cuidado de su pequeña sobrina Zoe y prácticamente sustituida en su trabajo por Nick, que es su antítesis. No es difícil adivinar por dónde van a ir los tiros de esta comedia romántica, que, aunque bien realizada y guardando mucho respeto por el guión original -en la mayoría de ocasiones es calcado- no puede evitar ser mucho más “americana” y menos introspectiva; al respecto, a mí me llamó la atención que se eliminara alguna escena de la original que ayudaba a definir mejor a la protagonista, pero, supongo, quitaba agilidad al relato.
En resumen, una buena opción para pasar la tarde, pero nada que no hayamos visto antes. Los actores muy bien, aunque la niña Abigail Breslin a veces se los come con patatas. Un consejo: no ir a verla con hambre.
Me dicen…