La realidad te sabrá a poco

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Aunque la verdad es que últimamente no puedo ir al cine tanto como me gustaría, y alguna de las veces que voy no soy yo la que elige la película -y luego pasa lo que pasa-, en el último mes no me puedo quejar del porcentaje: dos pelis vistas, dos pelis buenas. MUY buenas, para mi gusto. De las que te dejan durante tiempo pensando en ellas y que no te importaría volver a ver. Así da gusto gastarse la burrada que cuesta el cine…

Para empezar, Toy Story 3, a la que por supuesto no podía faltar dado mi amor por las películas de animación (las buenas, claro). Lástima que aún haya gente que las considere “cosas de críos” o “muñequitos”. No hay mucho más que pueda decir de ella de lo que ya se ha dicho en la gran mayoría de sitios dedicados al cine; la tensión, la nostalgia, la ternura, la risa… Lo tiene todo. Por tener, hasta, según dicen algunos, una parábola (viéndola, no parece descabellado) sobre determinados hechos históricos. A destacar: el adorable personaje que aparece en la foto de arriba y las dos escenas finales, ante las que habría que ser de hierro para no emocionarse.

Sí, el prota es Di Caprio, pero Joseph Gordon-Levitt es mucho más mono...

Sí, el prota es Di Caprio, pero me gusta mucho más Joseph Gordon-Levitt...

Para seguir, la última de Christopher Nolan, de endiablado guión y fascinante imagen, exigente con el espectador pero también lo bastante respetuoso como para dejarle sacar sus propias conclusiones. A Nolan se le suele reprochar que no sabe filmar escenas de acción, y esa es la pega que le pondría, la parte que transcurre en la nieve creo que baja el listón general. Por otro lado, yo a DiCaprio nunca termino de creérmelo, es buen actor, sí, pero le sigo viendo cara de crío cabreado…

A destacar: el adorable personaje que aparece en la foto de arriba (sí, las he elegido ambas a propósito): madre del amor hermoso, qué chico más mono y qué bien sabe llevar un traje, no he visto nada igual desde George Clooney. Destacar igualmente la escena de la lucha en el pasillo, los momentos “limbo” y ese final fundido a negro en el momento justo, para que aún podamos seguir dándole más vueltas a lo que ya hemos visto…

Mi opinión: ambas muy recomendables, diga lo que diga Boyero. Para no perdérselas.

Viva la creatividad…

Cartel de la película "El perfume", 2006

Cartel de la película "El perfume", 2006

Cartel de la película "Dorian Gray", 2009

Cartel de la película "Dorian Gray", 2009

Una de tiros

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Tiros y sangre a mansalva, desde luego, es lo que hay en las películas de Tarantino: de hecho hasta el día de hoy no había visto, al menos completa, ninguna película suya; me daba miedo no tener suficiente estómago, yo soy de las que se desmaya cuando les sacan sangre… Pero había oído tan buenas críticas de esta película que hice acopio de valor y fui a verla, y no me arrepiento: me ha encantado.

Sí, desde luego que hay violencia (de hecho en alguna escena tuve que desviar los ojos de la pantalla) pero hay mucho más que eso: un manejo magistral de la tensión, una excelente fotografía, algunas escenas inolvidables (como la primera, que es una pieza completa en sí misma) y algunos actores increíbles como Christopher Waltz, que interpreta maravillosamente a ese cabrón encantador llamado Hans Landa, el cual debería figurar desde ya en la lista de los mejores malvados del cine, o el “alemán antinazi” al que da vida Til Schweiger (con poco diálogo, pero ciertos momentos impagables).

En contra, quizá algunas veces se pase de “gráfica” en cuanto a la sangre (pero claro, estamos hablando de Tarantino…) y en general puede dar la sensación de que en vez de una película sea varios cortos aislados entre sí. Pero el resultado final es original y atrevido, incluso siendo explícitamente un homenaje a otras películas anteriores… otra marca de la casa Tarantino.

Muy recomendable.

Tardes de cine

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Sigue el calor y la pereza estival (estos días, por si fuera poco, amenizados por el ruido de la Fórmula 1; hasta en mi casa, que no está precisamente cerca del circuito, se oye casi perfectamente). Se afronta como se puede hasta que llegue septiembre, pero una de las cosas que ayuda a sobrellevar la canícula son las tardes de cine: independientemente de lo que se vea, al menos se está fresco. Algunas de las películas que he visto en las últimas semanas, aparte de unas cuantas infantiles vistas por obligación familiar, son, como no podía ser menos, Harry Potter y el misterio del príncipe y Up.

En cuanto a la primera de ellas, me pareció bien como película, pero como suele pasar, después de haber leído la novela surgen los defectos: situaciones inventadas o desaparecidas y un trato desigual de los diferentes hilos argumentales, como por ejemplo el que da título a la película, que se trata al principio de la misma y del cual parecen olvidarse durante todo el resto para dar una explicación atropellada al final. Pero bueno, no está mal.

Up, como no podía ser menos viniendo de Pixar, es una maravillosa película, una delicia cuyos primeros minutos son sencillamente prodigiosos y que mantiene el tipo durante el resto, aunque, para mi gusto, sin llegar al nivel de Wall-e (era difícil de superar). El anciano cascarrabias y el ingenuo boy scout que la protagonizan son una de las parejas más divertidas que he visto últimamente. Por supuesto, recomendable sin reservas.

Precisamente esta última, Up, la vi en 3D, sin fiarme mucho de la experiencia (era la primera película que veía así) y quedé encantada, aunque lo cierto es que las gafas son bastante incómodas. A propósito de éstas, fui testigo de una anécdota en el cine que me dejó un poco perpleja: las gafas en cuestión las daban los acomodadores a la entrada de la sala y había que devolverlas a la salida; pues bien, justo delante de mí iba una chica con una niña, y la acomodadora le preguntó “¿Me ha dado usted las gafas?” y ella le contestó que sí de malos modos, en plan “¿Por quién me has tomado?”. Pues bien, en la misma puerta de salida había uno de esos arcos que hay a la entrada de las tiendas y que suenan cuando intentas sacar algo que lleve alarma, y al pasar la chica sonó. Así que no tuvo más remedio que sacar las gafas del bolso, donde se las había guardado, y devolvérselas a la acomodadora, con peores modos aún, y diciéndole “Ya te las he dado, ¿contenta?”. Yo me hubiera muerto de la vergüenza, pero hay gente pa tó…

Y no es la única anécdota que he presenciado últimamente en un cine, que es un sitio que da para mucho en cuanto a comportamientos “poco cívicos”, pero suelen ser todos del mismo estilo: el que hace mucho ruido comiendo o sorbiendo cocacola, el que habla por el móvil en plena proyección, el que le cuenta la película entera al de al lado, el que se pasa todo el rato riendo por chorradas… Pero ésta era de otro estilo: llego al cine y me siento en una butaca a mi gusto (sesión no numerada), más o menos centrada en la fila; a mi lado hay un hombre con su hija, y el resto de la fila vacía. Pues bien, llega una pareja con un niño y se sientan en los tres asientos al otro lado del hombre y la niña. Éste les dice que esos asientos eran para su mujer y su otra hija, que estaban comprando palomitas, y la mujer recién llegada se niega a levantarse. El incidente va creciendo en intensidad, uno que les dice que se levanten y los otros que de ahí no se mueven, y al final la familia con dos hijas se cambian de fila mientras llaman a voz en grito a los otros “gentuza” y “malas personas”. Pero el remate fue cuando la mujer que contumaz se negaba a levantarse llamó al otro matrimonio “racistas”… porque ella, de aspecto perfectamente europeo, tenía un marcado acento argentino. Yo, mientras, procuraba hacerme invisible en mi asiento, no olvidemos que estaban a mi lado…

No sé, me parece que hay gente con la piel muy fina por ahí… En fin, en el cine también se aprende, y no sólo en la pantalla.

Pesadilla en casa

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Hay que ver lo vaga que ando últimamente, que tengo el pobre patio abandonado y acumulando hojarasca… y el escondite más vacío que nunca por culpa de la última actualización de WordPress, que me lo ha dejado virtualmente inutilizable. No es que no tenga ideas o me apetezca hablar de cosas, y de hecho tengo en mente algunas entradas bastante largas, pero lo cierto es que entre la pereza y mi estado anímico actual (que se podría definir como “estoy en una nube”) no actualizo todo lo que me gustaría. En todo caso, por lo menos voy a dejar constancia de lo mucho que me ha gustado una de mis últimas películas vistas, Coraline -como suele pasar, no le veo necesidad ninguna al alargado título español-, dirigida por Henry Selick, un perfecto conocedor de la animación en stop motion como ya demostró en Pesadilla antes de Navidad. A muchos supongo que les frenará el aspecto “infantil” de la película, pero pueden ir a verla con la seguridad de encontrarse un cuento mucho más oscuro y adulto de lo que pueda parecer, con una realización admirable, una maravillosa dirección artística y una música perfectamente adaptada a las imágenes. Muy recomendable.

A la caza del mito

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Ya sé que no tengo perdón por haber descubierto tan tarde esta magnífica serie científico-espectacular (no se me ocurre mejor forma de definirla) pero dicen que nunca es tarde si la dicha es buena, y gracias a que en televisión aprovechan los recursos y repiten las series una y otra vez, he podido empezar a ver Cazadores de Mitos recientemente, en la cadena Cuatro, los fines de semana por las mañanas. Los dos mozos de la foto, especialistas en efectos especiales para el cine, y sus tres guapos ayudantes -sí, soy una frívola, qué pasa- se dedican a desmontar mitos y leyendas urbanas utilizando para ello sus conocimientos de mecánica, electricidad, informática, etcétera; incluso, gracias a las aportaciones de los fans vía Internet, pueden revisar sus conclusiones si han llegado a éstas demasiado precipitadamente. Por la misma naturaleza de sus experimentos, no investigan ningún mito que tenga características paranormales, puesto que no hay forma científica de enfrentarse a ellos.

Es por eso mismo que me hace mucha gracia que este programa comparta cadena con otro de resultados básicamente opuestos: Cuarto Milenio. El muy misterioso espacio conducido por Iker Jiménez (que, a pesar de todo, me cae bien, vaya), intenta, a primera vista, hacer algo parecido: plantear una historia supuestamente paranormal y revisarla con la intervención de expertos en la materia para dilucidar si verdaderamente hay algo misterioso detrás de ella. Incluso algunas veces tratan asuntos no tan abiertamente paranormales, sino que entrarían más bien en la categoría de curioso, simplemente. Lo malo es que, a pesar de su pregonada asepsia, y de que suela terminar diciendo “estos son los hechos, lleguen ustedes a sus conclusiones”, todo en el programa está enfocado a condicionar y conducir la opinión del espectador, empezando por su ambientación y acabando por la forma de presentar los hechos. Lamentablemente, su supuesta neutralidad queda en entredicho al comprobar que hace oídos sordos incluso cuando le demuestran que los hechos misteriosos no tienen nada de misterioso o directamente no existen. Lástima que no lo haga así, porque en realidad el programa es divertido y ganaría mucho si intentara resultar más realista y no tan fantasioso.

Y aquí, como muestra, un video de Cazadores de Mitos que trata sobre esa leyenda tan cacareada que dice que el hombre nunca ha pisado la Luna (¡doy fe, incluso entre mis compañeros de trabajo hay quien no lo cree!):

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Tiempo ya sin ir al cine, y me saqué la espinita el sábado con la “oscarizable” El curioso caso de Benjamin Button (lástima no haber podido verla en versión original, el doblaje no me pareció demasiado bueno).  Se trata de la última película de David Fincher, director de títulos como Seven o El club de la lucha, pero no tiene temáticamente mucho que ver con ellas. La película parte de una premisa, verdaderamente, curiosa, y se basa en un relato corto de F. Scott Fitzgerald. Más curiosamente aún, allá por mis diecisiete o dieciocho años yo misma escribí un cuentecillo de dos páginas con el mismo argumento; no lo conservo, pero no me cabe ninguna duda de que no habría resistido la comparación…

La historia plantea no pocos problemas para ser llevada a la pantalla, pero creo que en general se han solventado bien y la película me pareció emocionante sin ser lacrimógena, de esas que te hace plantearte muchas cosas sobre la vida, al mismo tiempo que estéticamente muy bella, con fragmentos de auténtica poesía visual y cinematográfica (la secuencia del taxi, por ejemplo). Brad Pitt, para mi gusto, lo hace muy bien y demuestra que no es sólo una cara bonita sino que puede llevar sin problemas el peso de una película él solo, y Cate Blanchett derrocha como siempre elegancia por todos los poros. En resumen, que me gustó mucho y la recomiendo sin reservas.

Sexo, sexo y más sexo

  • Sexo maaaaaaalo.

Mira tú por dónde nos han salido los muy apasionados italianos: no contentos con condenar a un horario más tardío de lo habitual la emisión de Brokeback Mountain, la emiten con cortes en las escenas “más explícitas”. Pues que me digan qué hay de explícito en esta película, porque que yo recuerde a los muchachos no se les veía absolutamente nada por debajo de la cintura, ni se lo montaban con ovejas ni nada parecido…  Con el agravante, además, de que las escenas cortadas son necesarias para la comprensión de la cinta. Tendrían que pasarse éstos por España y ver las cosas que se emiten en horario infantil…

Por cierto, la página de donde he sacado la foto es una web dedicada a los cristianos canadienses y hablan elogiosamente de la película. Se ve que por allí son más tolerantes…

  • Sexo rapero, tronko.

El Ministro de Sanidad presentó ayer a bombo y platillo, y con evidente satisfacción por estar en la onda de las necesidades y costumbres de la juventud, una campaña para la prevención de embarazos en adolescentes (que pese a toda la información disponible por múltiples medios no dejan de aumentar) centrada en una cancioncilla a ritmo de rap, ésta:

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Aparte de que por sí misma es horrorosa, resulta que no es más que una mala copia de la que sigue, Efectos vocales de Nach:

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Me da la impresión de que en el Ministerio de Sanidad, y en general en todos los organismos oficiales donde se dirigen a la gente joven, se creen que éstos deben ser tontos (será por la LOGSE) y no son capaces de pillar el mensaje si se formula en un idioma comprensible. ¿Qué es eso de “yo no corono rollos”? ¿Quién habla así? Al menos, la web creada para la ocasión es bastante correcta, pero no parece que la solución del problema pase por campañas oficiales dirigidas a unos jóvenes que siempre piensan que “a mí no me va a pasar”, “con la goma se me corta el rollo”, “los condones son muy caros” y excusas por el estilo. Creo que la primera responsabilidad parte de los padres, que deberían afrontar el tema desde bien pronto y no fiarlo todo a “ya lo aprenderá cuando toque”, y a la escuela, donde tendrían que facilitar información clara, completa y no sesgada: porque a veces parece que se trate de empujar a los jóvenes a tener sexo cuanto antes y porque sí, porque da mucho gustito, y entonces ya pondremos los medios para remediar las posibles consecuencias. Resulta un poco penoso pasearse por foros dedicados a gente muy joven y ver cómo chicos de catorce o dieciséis años ya andan diciendo que a ver si se estrenan, que todos sus amigos ya lo han hecho. Sí, el sexo da mucho gustito… pero el órgano sexual por excelencia es el cerebro. Mientras no se utilice como es debido, la experiencia resultará más bien frustrante.

En cualquier caso, si el Ministerio quiere promover el uso de anticonceptivos a ritmo de rap, les propongo una alternativa que a mí me parece mucho mejor:

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(Me encanta este chaval. Qué gusto de voz, debería ser locutor de radio o algo así).

  • Sexo aburridozzzzzzzzzzzz.

Hoy en El Mundo se publicaba una entrevista con una mujer, Erika Lust (seudónimo, supongo), con una curiosa profesión: directora de cine erótico. Específicamente, cine erótico para mujeres. Es una etiqueta que me resulta curiosa; se suele decir que a las mujeres no les gusta el porno, y es cierto que la mayoría dice que no ven nunca “esas guarradas”, o al menos no lo reconocen en público, parece que aún esté mal visto. Debido a eso, algunas cineastas como Lust han decidido crear porno “con guión”, donde las mujeres no se limiten a ser una especie de muñecas hinchables siempre dispuestas y deseando practicar larguísimas felaciones “con premio” y ser percutidas durante horas (cosa aburridísima, reconozcámoslo). Lust dice que las mujeres somos “visuales”. Bueno, ya empezamos a clasificar. Supongo que algunas seremos visuales y otras no. ¿Pero eso supone que los hombres no lo son? ¿Qué es lo que les excita del porno, si no es verlo?

En cualquier caso, el porno es lo que es, y tampoco le podemos pedir más de lo que ofrece. Lust se queja de que “Nos presenta como personas de una sola dimensión, ni siquiera nos permite conocer a los personajes.” Es que no se trata de conocer a los personajes, para eso ya está el cine “normal”; se trata de excitarse, simple y llanamente, y para eso basta con colocar un número variable de personas de ambos sexos en una situación más o menos inverosímil y ponerlos a hacer una serie de proezas que en la vida real serían bastante improbables, a fin de que el respetable público se ponga en situación, se salte las escenas con diálogo y a lo sumo en media hora remate la faena solo o en pareja. Una película porno completa debe de ser algo soporífero, por no hablar de la afición de los directores de colocarnos unos primeros planos que resultan más quirúrgicos que excitantes. Pero el porno “para mujeres” acaba pecando, al menos el poco que he visto yo, de lo mismo: se recrea tanto en la situación, en la seducción, en miradas, roces y demás, que termina siendo igual de aburrido que el otro, para mi gusto, y mucho menos excitante.

¿Alguien ha visto películas de esta clase? ¿Son de verdad así de aburridas, o soy yo la que no sabe apreciarlo?

Frases

En nuestro mundo, la mentira te hará llegar muy lejos, pero nunca te permitirá volver atrás.

Si acabas con todos mis demonios, también morirán mis ángeles.

(Diálogo de Ben Kingsley y cita de Tennessee Williams, incluidos en la película Transsiberian)

Ilustración: Dezzan (deviantart)

El poder de unos ojos

Ayer, a los ochenta y tres años, nos dejó la mirada más azul del cine del siglo XX. Paul Newman no era sólo un hombre con unos ojos hermosos, sino un buen actor y, dicen, una gran persona. Descanse en paz.

Foto: Sid Avery, vía IMDB

Tarde (lluviosa) de domingo

Tarde otoñal ya, de pleno derecho, que al final me ha quedado bastante redondita. Primero, visita a la FNAC (benditas sean las librerías que abren en domingo), que es un sitio que me encanta pero de donde siempre salgo con cabreo porque no me puedo llevar media tienda, y aún más desde que tienen sección dedicada al merchandising friki (le tengo echado el ojo a una figura de Sylar, pero no me acaba de convencer, no se le parece demasiado…). Luego, un frappuccino en Starbucks. Vale que es un sitio caro -abusivamente caro- y que tiene un aire cool que tira de espaldas, pero a mí me encanta, no sé por qué me resulta acogedor. Y, por último, cine, que ya hacía tiempo que no iba y mi querido Woody Allen acaba de estrenar… pero esta vez, ay, con pinchazo.

Para mi gusto, claro. Como ya dije hace tiempo, el título de la película -Vicky Cristina Barcelona- me parece horroroso, aunque resume de maravilla lo que es el argumento: dos turistas norteamericanas pasando el verano en España, cada una con su concepción del amor contrapuesta a la de la otra, y Barcelona. La película es un enorme publirreportaje de la Ciudad Condal a la que dan ganas de irse a vivir ya mismo (y qué casas se gastan todos, y qué coches tienen, y a menudos restaurantes van), y también, en menor medida, de Oviedo. Se nota quién ha puesto los dineritos para la producción. En cuanto al resto, me ha parecido un Allen menor, muy, muy menor, que no termina ni de ser una comedia -muy poquitos puntos graciosos, y casi todos a cargo de Penélope Cruz- ni un drama porque la peripecia de las dos amigas, el pintor y su neurótica ex mujer no hay quien se la crea. Aparte de eso, una voz en off absolutamente irritante y la sensación de que la película se alaaaaaaarga sin llegar a ningún sitio. En resumen, para mí: psscht. Otra vez será, Woody.

Pillado hasta las tuercas

No me voy a enrollar. En dos palabras: IM-PRESCINDIBLE. Id a verla a la voz de YA.

(Ah, y no se os ocurra llegar tarde y perderos el corto)

Mamporros tres delicias

Una de mis grandes debilidades -al menos de las confesables- es el cine de animación. Suelo ver, y mejor en la pantalla grande que en casa, casi todo el que se estrena, y especialmente si es de Pixar (creo que he visto todas las películas de este estudio). Su gran competidor, Dreamworks, a veces produce cosas tan originales y estimables como Shrek, y otras veces platos de segunda mesa como El espantatiburones. De todas maneras, las comparaciones son odiosas, y a cada uno lo que le corresponde: a Kung Fu Panda, que es de la que toca hablar hoy, se le pueden sacar sus defectos, pero yo me lo he pasado como una enana viéndola.

De entrada está claro que es una película dirigida a un público familiar, así que prácticamente no hay guiños adultos ni dobles sentidos, aunque sí homenajes al cine clásico de artes marciales. La trama quizá sea lo más criticable: totalmente previsible de principio a fin, con el tradicional mensaje bienintencionado y los tradicionales personajes buenos y malos (aunque en esta ocasión el malo es menos monolítico que de costumbre y hasta llega a caer simpático a veces). Los chistes están bien, pero lo verdaderamente conseguido de esta película reside en lo visual.

Los diseños, como es lógico, se basan en Oriente, y están muy logrados para mi gusto. Las escenas de lucha combinan el humor con la espectacularidad de una manera que hace que no decaiga en ningún momento, y que se vea todo el rato con una sonrisa en la boca. Destacaría especialmente el pasaje que viene a continuación:

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Lástima no poder disfrutar en España del doblaje original, con la excepcional voz de Dustin Hoffman. En resumen, entretenimiento del bueno aunque para verlo tengas que usar como excusa el llevar a los niños. Muy recomendable.

Otra del chico con látigo y sombrero

Diecinueve años han pasado desde la última vez que me metí en una sala de cine, armada de un paquete de palomitas, a ver una película de Indiana Jones. Aquella vez Indy iba acompañado de su padre, en esta ocasión es Indy el que se ha convertido en papá, aunque, todo hay que decirlo, lleva considerablemente bien la edad. Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal es la última entrega (por ahora, seguro que habrá más…) de este personaje que se ha convertido más bien en un icono, uno de esos clásicos que definen por sí mismos el cine de aventuras. En esta ocasión los malos son los rusos, en un ambiente de guerra fría que en algunos momentos de la película nos hace acordarnos de otros hechos muy actuales. Se ha criticado mucho que el guión está lleno de errores, que no se ha cuidado la ambientación, que sobran situaciones y personajes… La verdad es que en más de un momento de la película te quedas con cara de “se han pasado tres pueblos”, pero el conjunto, creo yo, se mantiene con dignidad, resulta divertido y consigue recordarnos el sabor de ese cine clásico de aventuras del que hablaba antes, en buena parte gracias a la cantidad de homenajes a otras películas, de la serie de Indy o no, que contiene.

En el lado negativo, no me ha gustado el final, aunque sabiendo que el director es Steven Spielberg uno puede temerse por dónde van a ir los tiros… Aun así, vale la pena una visita al cine para verla. Y no olvidar las palomitas.

Crímenes imperceptibles

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Anda que ya me vale… Justo cuando digo que a ver si actualizo más a menudo, voy y me tiro una semana sin escribir. La verdad es que he andado bastante liada, aunque parece que la búsqueda de piso ha dado sus frutos… pero no cantaré victoria hasta que tenga las llaves en el bolsillo. Para desintoxicar un poco, el sábado fui al cine a ver Los crímenes de Oxford, película en la que tenía puestas muchas esperanzas.

En fin, no diré que no me gustó… pero tampoco es lo que podía haber sido. Está dirigida por Álex de la Iglesia, pero no hay en ella casi nada de su particular estilo. La historia flaquea en bastantes puntos, con un final que no arregla precisamente las cosas, y en algunos momentos se hace aburrida. Por los actores, cal y arena: John Hurt excelente; Elijah Wood sigue pareciendo estar a punto de llamar a Gandalf para que le arregle los entuertos, y el personaje de Leonor Watling sobra por completo, aunque protagoniza varios momentos de alto voltaje erótico, eso sí, totalmente carentes de química con su pareja en la pantalla.

De todas formas, el resultado, sin ser una obra de arte, es digno y se deja ver. No está mal para una tarde de domingo.

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