
Existen tres tipos de mentira: mentiras, malditas mentiras y estadísticas.
Leonard H. Courtney
Del mal uso de las estadísticas en los medios de comunicación se podrían escribir libros enteros; a poco que uno se ponga a curiosear en las noticias que se acompañan de datos numéricos, surgen fácilmente las incongruencias y los errores, eso por no hablar de cómo se retuercen los números para que demuestren lo que uno quiere demostrar.
Por eso querría comentar un artículo publicado en la edición digital de El Mundo, con un llamativo título: “El 8,5% de los alumnos de la Universidad Jaime I reconoce ser adicto al cibersexo“. La primera en la frente: a continuación se nos aclara que el titular se refiere sólo a alumnos varones, mientras que entre las féminas la adicción alcanza únicamente al 0,5%. Estos hombres, que son unos obsesos. Vamos a seguir viendo el texto.
Después se explica por qué se entiende que ese 8,5% de alumnos son adictos:
La unidad ha realizado una investigación sobre esta materia, que se presentó en 2007 en el quinto World Congress of Behavioural and Cognitive Therapies, en la que se revela que los universitarios dedican una media de 8 horas semanales a navegar por Internet, de las que 0,58 son páginas sexuales.
Ballester no sólo ha remarcado el carácter “preocupante” de este problema, que cada vez tiene una prevalencia mayor, sino que esta patología afecta más a hombres que a mujeres, porque de esas 8 horas, “los varones pasan cerca de dos horas> (1,42 horas) en páginas con contenido sexual, y las mujeres sólo 0,05 horas”.
Mmm.. o sea, que los alumnos pasan una media de 8 horas semanales navegando, y 0,58 de ellas son páginas sexuales (supongo que quiere decir que 0,58 de esas horas se dedican a páginas sexuales). ¿De verdad eso le parece a alguien una adicción? ¿No se supone que un adicto es alguien que no puede pensar en otra cosa? Vale, luego se nos aclara que esa es la media (nos fiaremos, no me he parado a calcularlo) y que en realidad los varones pasan en páginas sexuales 2 horas semanales. Pues me sigue pareciendo poco: eso sólo son 17 minutos al día. Sigamos.
Estas diferencias, ha explicado el profesor, aparecen en todos los porcentajes del estudio, como demuestra que del 26% de estudiantes que han buscado material sexual en Internet, el 45,5% son hombres y del 13,4% son mujeres.
El estudio también revela que del 21,6% de los estudiantes que ha afirmado haberse masturbado mientras estaban navegando en Internet, este porcentaje en hombres es del 45,1%, mientras que en las mujeres es tan sólo del 5,8.
También es diferente el tipo de páginas que frecuentan, ha asegurado en alusión a que del 11,7% de alumnos que participaron en chats sexuales, el 20,6% fueron hombres y 5,8 por ciento mujeres.
Aquí ya me pierdo. Veamos. En cada párrafo hay un porcentaje de alumnos, supongo que sobre el total de matriculados en la Universidad. Dentro de ese porcentaje, considerado como total, se distingue entre porcentaje de hombres y mujeres: por lógica, ambos deberían sumar 100, pero en el primer caso suman 58,9, en el segundo 50,9 y en el tercero 26,4. El resto hasta llegar a 100, ¿qué son?¿Caracoles? A ver por dónde continúa la cosa…
Ballester ha insistido en las diferencias entre hombres y mujeres adictos, ya que los hombres tienden a entrar en páginas pornográficas y las mujeres, en chats de tipo erótico donde haya una comunicación o una conversación.
“Es un problema, que no se reconoce realmente”, ha explicado, y ha añadido que “esporádicamente, una persona puede entrar en una página sexual o en un chat, y no es algo “patológico”.
Pues no sabe cómo me alivia, oiga… O sea que los chicos entran en páginas guarrillas para ver fotos o videos. Vamos, lo que han hecho toda la vida, sólo que antes usaban revistas y películas del videoclub.
Según ha dicho, el problema llega cuando esta actitud “se convierte en algo compulsivo” y que “se echa de menos”, de modo que “a pesar de las consecuencias adversas, se sigue obsesionado con ello”.
Entre los jóvenes, los adictos al cibersexo suelen ser “hombres, personas solitarias, con baja autoestima, que tienen algún tipo de disfunción sexual”, además de ser “personas con una imagen corporal distorsionada y que no se gustan, y quienes también tienen otras adicciones”.
¿Dos horas a la semana navegando es algo compulsivo? ¿Y qué consecuencias adversas tiene, dejando aparte el posible gasto telefónico, que con la llegada del ADSL ha dejado de ser un problema en la mayoría de los casos? Y para acabarlo de rematar, la descripción de los infortunados adictos: sólo le ha faltado añadir que tienen granos, el pelo grasiento y practican juegos de rol.
No sé, pero me parece que el artículo cae en el tópico más fácil. No niego que habrá personas que sufran la patología en cuestión, pero creo que en cuanto se habla de algo que se hace frente a una pantalla hay cierta tendencia a considerarlo poco digno de confianza. Creo que Internet ha supuesto un cambio en nuestras costumbres, puede que en algunos casos para mal, pero en general ha ampliado nuestros horizontes. En todos los sentidos, incluso el sexo. ¿O será que soy una adicta y no me he dado cuenta?